Narrativa breve
Narrativa breve Nos sentamos algún rato, silenciosamente pensativos, escuchando atentamente el viento y el rugir del tren.
Luego Thompson dijo, con voz ternÃsima:
—Al fin y al cabo, todos tenemos que hacer nuestro paquetito un dÃa u otro: nadie se escapa. Hombre nacido de mujer es cosa de pocos dÃas, hay de él para poco rato, como dice la Sagrada Escritura. SÃ, mÃrelo usted como quiera; es terriblemente solemne y curioso: nadie puede regresar; todo el mundo tiene que irse, todo el mundo; es la pura verdad. Se encuentra usted un dÃa sano y fuerte —al decir esto se puso de puntillas y rompió un cristal, y sacó fuera la nariz un momento, y luego se sentó de nuevo, mientras yo, a mi vez, me esforzaba para encaramarme y sacaba mi nariz por el mismo sitio, y asà continuamos moviéndonos de vez en cuando—, y al dÃa siguiente le arrancan a usted, y aquellos lugares que le habÃan conocido no le conocen ya más, como dice la Sagrada Escritura. SÃ, verdaderamente, es algo espantosamente solemne y curioso: todos tenemos que marcharnos un dÃa u otro, y nadie escapa a esta fatalidad.
Hubo de nuevo una larga pausa. Luego:
—¿De qué murió?
—Dije que lo ignoraba.
—¿Cuánto tiempo hace que está muerto?
Creà que lo más prudente era exagerar los hechos, por no parecer fuera de las probabilidades; asà pues, dije: