Principe y mendigo
Principe y mendigo Este golpe sacudió a Hendon de arriba abajo. Dijo en su interior: «La locura de este pobre niño está a la altura de los tiempos. Ha cambiado con el gran cambio que ha sobrevenido en el reino, y ahora se imagina ser el rey. Bueno; le seguiremos el humor, ya que no hay otro camino; no vaya a ser que me mande a la Torre».
Y satisfecho de esta broma, apartó la silla de la mesa, se situó detrás del rey y se dispuso a servirle de la manera más cortesana de que era capaz.
Mientras el rey comÃa se ablandó un poco el rigor de su real dignidad, y con su creciente satisfacción experimentó el deseo de hablar, y dijo:
—Creo que te llamas Miles Hendon, si no he oÃdo mal.
—SÃ, señor —replicó Miles, que se dijo en seguida: «Para seguir la vena de este pobre niño loco debo llamarle señor y majestad. No debo, hacer las cosas a medias, ni detenerme ante nada respecto al papel que represento, pues de lo contrario lo representaré mal y no serviré bien a esta caritativa y buena causa».
El rey se entonó con un segundo vaso de vino y dijo:
—Quisiera conocerte. Cuéntame tu historia. Tu, conducta es generosa y noble. ¿Has nacido noble?