Principe y mendigo
Principe y mendigo —Cuando llegó no venÃa nadie con él; pero ahora recuerdo que al salir los dos y meterse entre la muchedumbre del puente, un hombre mal encarado ha salido de un sitio cercano, y cuando se unÃan a ellos…
—¡Y después qué! ¡Saca fuera lo que sabes! —estalló la impaciencia de Hendon interrumpiéndole.
—En aquel momento se confundieron entre la gente y desaparecieron, y no vi más porque me llamó el amo, que estaba furioso porque se le habÃa olvidado la carne encargada por el escribano; aunque yo tomo a todos los santos por testigos de que el reñirme por el olvido fuera como llevar a juicio un niño antes de nacer, por pecados come…
—¡QuÃtate de mi vista, idiota! ¡Tus sandeces me vuelven loco! ¡Espera! ¿Adónde vas? ¿No puedes aguardar un instante? ¿Se fueron hacia Southwark?
—Asà es, señor. Porque, como he dicho antes respecto de esa maldita carne, el niño que no ha nacido no tiene más culpa que…
—¿Aún estás aquÃ? ¿Y charlando todavÃa? ¡Vete, si no quieres que te estrangule!
El servidor desapareció. Hendon salió tras él, pasó por su lado y bajó la escalera de dos en dos peldaños refunfuñando: