Principe y mendigo
Principe y mendigo —Ha sido ese maldito villano que pretendÃa ser su padre. ¡Te he perdido, pobrecillo! Es un pensamiento muy amargo. ¡Tanto como habÃa llegado ya a quererte! ¡No! ¡Por vida del infierno, no te he perdido! No te he perdido, porque registraré todo el paÃs hasta que vuelva a encontrarte. ¡Pobre niño! Allá queda su desayuno… y el mÃo, pero ya no tengo hambre: asÃ, que se lo coman los ratones. ¡Aprisa, aprisa, eso es!
Mientras rápidamente se abrÃa paso por entre la ruidosa muchedumbre que llenaba el puente, se dijo varias veces, aferrándose a esa idea como si fuera especialmente placentera:
—Ha gruñido, pero se ha ido… Se ha ido, sÃ, porque ha creÃdo que se lo pedÃa Miles Hendon… ¡Pobre muchacho! ¡No lo habrÃa hecho por otro, lo sé muy bien!