Principe y mendigo
Principe y mendigo Se oyó al cabo de un rato que se acercaban los mesurados pasos de hombres de armas, y los culpados entraron a la presencia del rey, custodiados por un alguacil y con una escolta formada por un piquete de la guardia real. El funcionario civil dobló la rodilla delante del rey y se apartó a un lado. Los tres condenados arrodilláronse también, y así permanecieron, en tanto que la guardia se situaba detrás del sillón de Tom. Éste miró con curiosidad a los prisioneros. Algo del vestido o del mismo aspecto del reo había suscitado en él un vago recuerdo.
—Creo que he visto a ese hombre en otra ocasión, pero no puedo recordar cómo ni cuándo.
En aquel momento el hombre levantó de pronto la vista, y volvió a inclinar la cabeza, pues no le era posible soportar el imponente porte de la realeza; mas aquel breve vistazo a su rostro fue bastante para Tom, que se dijo: