Principe y mendigo
Principe y mendigo Ahora recuerdo. Sí, es el desconocido que sacó a Giles Witt del Támesis, y le salvó la vida aquel día tan crudo y tan ventoso de Año Nuevo; acción brava y valerosa. ¡Lástima que haya cometido otras que son bajas, hasta verse en este triste estado! No se me han olvidado ni el día ni la hora, por razón de que poco después, al dar las once, la abuela Canty me dio una paliza de tal calibre y severidad, que todas las anteriores, y las que le siguieron, comparadas con ella, no fueron sino caricias y mimos.
Ordenó Tom que salieran un instante de su presencia la mujer y la niña, y luego se dirigió al alguacil diciéndole:
—Buen caballero, ¿cuál es el delito de este hombre?
Hincó una rodilla en tierra el interpelado, y respondió:
—Señor, ha quitado la vida, mediante veneno, a un súbdito de Vuestra Majestad.
La compasión de Tom por el preso y su admiración al valiente salvador de un niño que se ahogaba experimentaron tremendo golpe.
—¿Está probado el delito? —preguntó.
—Con toda evidencia, señor.
Suspiró Tom y dijo: