Principe y mendigo
Principe y mendigo —Me gusta tu valor, en verdad, pero no comparto tu juicio. Bastantes palizas y vapuleos se lleva uno en esta vida, sin que salga de su camino para provocarlos. Pero procedamos en paz. Yo le creo a tu padre. No dudo que sea capaz de mentir, no dudo que mienta cuando llega la ocasión, porque los mejores de nosotros lo hacemos; pero aquà no hay nada que lo valga. Un hombre sensato no malgasta en tonto una mercancÃa tan valiosa como es la mentira. Pero vámonos de aquÃ; y puesto que te ha dado por renunciar a pedir limosna, ¿en qué nos ocuparemos? ¿Robaremos cocinas?
—Deja ya esa necedad. Me impacientas.
Hugo replicó colérico:
—Escucha, camarada; no quieres mendigar, no quieres robar… Sea. Pero yo te diré lo que has de hacer; me servirás de vigilante mientras yo mendigo. Niégate a ello, si te atreves.
Iba el rey a replicar despectivamente, cuando le dijo Hugo interrumpiéndole: