Principe y mendigo
Principe y mendigo —Tal vez los padres sean parecidos. El mÃo no tiene dulce temperamento. Golpea con mano pesada pero conmigo se refrena. A decir verdad, no siempre me perdona su lengua. ¿Cómo te trata tu madre?
—Ella es buena, señor, y no me causa amarguras ni sufrimientos de ninguna clase. En eso Nan y Bet son como ella.
¿Qué edad tienen?
—Quince años, que os plazca, señor.
—Lady Isabel, mi hermana, tiene catorce, y lady Juana Grey, mi prima, es de mi misma edad, y gentil y graciosa, además, pero mi hermana lady MarÃa, con su semblante triste y… Oye: ¿ProhÃben tus hermanas a sus criadas que sonrÃan para que no destruya sus almas el pecado?
—¿Ellas? ¡Oh! ¿Creéis que ellas tienen criadas?
El pequeño prÃncipe contempló al pequeño mendigo con gravedad un momento; luego dijo:
—¿Por qué no? ¿Quién las ayuda a desvestirse por la noche? ¿Quién las viste cuando se levantan?
—Nadie, señor. ¿QuerrÃas que se quitaran su vestido y durmieran sin él, como los animales?
—¿Su vestido? ¿Sólo tienen uno?
—¡Oh!, buen señor, ¿qué harÃan con más? En verdad no tienen dos cuerpos cada una.