Principe y mendigo
Principe y mendigo —¡Escuchad todos! Este hijo mÃo está loco, pero no es incurable. El excesivo estudio lo ha cansado, y tal vez el excesivo encierro. ¡Adiós a los libros y a los maestros!, cuidad todos de ello. Divertidle con juegos, recreadle sanamente, para que recupere la salud. —Irguiose más aún, y prosiguió enérgicamente—: Está loco, pero es mi hijo y el heredero de Inglaterra, y, ¡loco o cuerdo, reinará! Y escuchad más aún y proclamadlo: el que hable de esta su destemplanza, atenta contra la paz y el orden de estos reinos y será condenado a galeras. Dadme de beber, que me abraso. Este pesar socava mis fuerzas… Basta; llevaos la copa. Sostenedme. AsÃ; está bien. ¿Loco, decÃs? Aunque fuera mil veces loco, es aún el PrÃncipe de Gales, y yo el rey lo confirmaré. Esta misma mañana será instalado en su dignidad de prÃncipe en forma cumplida. Dad al instante las órdenes oportunas, milord Hertford.
Uno de los nobles se arrodilló ante el regio diván y dijo:
—El rey su Majestad sabe que el gran mariscal hereditario de Inglaterra se encuentra prisionero en la Torre. No serÃa bueno que un prisionero…