Principe y mendigo
Principe y mendigo Estas palabras parecieron agradar al monarca, por proceder de tan notoria autoridad, y lo llevaron a proseguir muy animado:
—Fijaos bien ahora. Voy a examinarle más.
Le hizo a Tom una pregunta en francés. Tom estuvo callado un momento, turbado al ver tantas miradas fijas en él, y al fin dijo tÃmidamente:
—No tengo conocimiento de esa lengua, Su Majestad.
El rey cayó de espaldas en el diván. Los criados corrieron a atenderle, pero los apartó y dijo:
—Dejadme. Esto no es más que una debilidad sin importancia. ¡Levantadme! AsÃ; es suficiente. Ven aquÃ, niño. Apoya tu pobre cabeza perturbada sobre el corazón de tu padre, y sosiégate. Pronto estarás bien. Esta no es más que un desvarÃo pasajero. No temas, que pronto estarás bien.
Volviose luego a los circunstantes, cambió su gentil actitud y en sus ojos empezaron a brillar relámpagos de mal agüero. Dijo: