Tom Sawyer detective
Tom Sawyer detective Luego rompió a reír de nuevo, con aquellas carcajadas suyas de cuarenta varas. Tom no podía echarse atrás, después de todo esto, de manera que dijo:
—Muy bien, quítele la cadena.
Y el herrero así lo hizo; entonces nos fuimos a casa, y le dejamos desternillándose de risa.
Era un perro adorable aquél. No hay perro con un temperamento más encantador que aquel sabueso, nos conocía y le gustábamos. Daba brincos de alegría y carreras a nuestro alrededor, siempre tan amigable e increíblemente contento de estar libre y tener un día de fiesta; pero Tom estaba tan disgustado, que no demostraba ningún interés por él, y decía que ojalá hubiese parado y reflexionado durante un minuto antes de haber emprendido una empresa tan ridícula. Decía que el viejo Jeff Hooker se lo contaría a todo el mundo, y que aquello sería el cuento de nunca acabar.
Así que fuimos bajando por los caminos apartados que conducían a casa, sintiéndonos bastante lúgubres y sin decir palabra. Cuando pasamos la esquina más alejada de nuestro tabacal, oímos que el perro emitía un aullido muy largo por aquel sitio. Entonces fuimos hasta allí, y vimos que estaba escarbando el suelo con toda su fuerza, y de vez en cuando, inclinaba la cabeza hacia uno u otro lado, y emitía otro aullido.