Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero —Se partÃan de risa, ponÃan manos a la obra como al principio y continuaban devorando las cosechas. En la Edad Media, la diferencia entre un ser humano y un saltamontes es que los saltamontes no eran tontos.
—¡Oh, Dió mÃo! ¡Oh, Dió santo! ¡Allà está el lago de nuevo! —chilló Jim en ese momento—. Ahora bien, amo Tom, ¿qué tiene que desir?
Sà señor, allà estaba el lago otra vez, se veÃa a lo lejos en el Desierto, perfectamente claro, con árboles y todo, igual que antes. Yo dije:
—Creo que ahora sà que estarás satisfecho, Tom Sawyer.
—SÃ, satisfecho, porque allà no hay ningún lago.
Jim le respondió:
—No hablej asÃ, amo Tom…, da miedo oÃrte. Hase tanto caló, y tú está tan sediento, que a lo mejó no estáj en tu sano juisio, amo Tom. ¡Oh…! ¿No ej hermoso? No sé cómo vi a’sperá pa llegá’sta’llÃ. ¡Tengo tanta sé!
—Pues tendrás que esperar; de todos modos no servirÃa de nada que llegases hasta allÃ, pues no existe tal lago, de verdad.
Yo dije:
—Jim, no le quites el ojo de encima. Yo tampoco lo haré.