Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Sí, la partida de la caravana fue para nosotros mucho más amarga que la visión de la otra, comparativamente extraña, cuyos integrantes, de todos modos, habían muerto hacía muchísimo tiempo. A éstos los habíamos conocido en vida, les habíamos cogido cariño también, y ahora que la muerte nos los había arrebatado justo debajo de nuestras propias narices, mientras los estábamos mirando, dejándonos tan desamparados y sin amigos en medio de aquel gran Desierto, nos dolía muchísimo, y deseamos no hacer amigos nunca más durante el viaje, si luego íbamos a perderlos de esa manera.
No podíamos dejar de hablar de ellos, nos venían a la memoria todo el tiempo, igual que cuando estaban todos juntos, vivos y felices. Podíamos verlos de nuevo marchando en fila, con las brillantes puntas de las lanzas resplandeciendo al sol; podíamos ver otra vez a los dromedarios, balanceándose pesadamente por la arena; también veíamos la boda y el funeral, y más que ninguna otra cosa, podíamos recordarlos rezando a menudo, pues no permitían que nada se lo impidiese; cada vez que les tocaba hacerlo, y eran varias al día, se detenían exactamente en el sitio en que se encontraban, y se ponían de pie, con el rostro mirando hacia el Este, inclinaban las cabezas, extendían los brazos y empezaban a rezar. Se arrodillaban unas cuatro o cinco veces, luego se inclinaban hacia adelante y tocaban el suelo con la frente.