Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Jim y yo estábamos que reventábamos de alegrÃa, y comenzamos a dar gritos de ¡yupi, yupi, yupi! Entonces Tom nos dijo:
—Y luego podemos volver a coger más arena y otra vez volver a coger más arena, y seguir viniendo, hasta que nos hayamos llevado toda la que hay en este Desierto y la hayamos vendido; y tampoco habrá nadie que se oponga a ello, porque sacaremos una patente.
—¡Dios mÃo! —exclamé yo—. Seremos tan ricos como Creosote, ¿verdad, Tom?
—SÃ… Creso, querrás decir[16]. ¡Vaya! Ese derviche ha estado rastreando los tesoros de la tierra en aquélla pequeña colina, sin saber que estaba caminando sobre miles y miles de dólares. El camellero se quedó menos ciego que él.
—Amo Tom, ¿cuánto creej que ganaremo con toda la arena?
—Bueno, la verdad es que todavÃa no lo sé. Hay que hacer cifras, y tampoco eso es una tarea fácil, ya que hay más de seis millones de kilómetros cuadrados a diez centavos el frasco.
Jim estaba entusiasmadÃsimo, pero se le pasó enseguida y, moviendo la cabeza, dijo:
—Amo Tom, no vamoj a poder conseguà tanto frajco…, ni siquiera un rey podrÃa haserlo. Mejó que no intentemo llevarno todo el Desierto, amo Tom, lo frajco noj van a dejcalabrá, seguro.