Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero —Oh, no es esa clase de obligaciones. Me estoy refiriendo al pago de los impuestos. Cada vez que cruzas una frontera (eso es el lÃmite de un paÃs, ya sabéis) te encuentras con una aduana, y los empleados del gobierno revuelven entre tus cosas y te endosan un alto impuesto, al que ellos llaman «una obligación», pues es una obligación para ellos trincarte si pueden, y si no pagas los impuestos, ellos se quedarán con la arena. Ellos lo llaman «confiscar», pero con eso no engañan a nadie, es un latrocinio, eso es lo que es. Ahora bien, si nosotros intentamos llevar esta arena a casa, como habÃamos planeado, tendrÃamos que andar saltando vallas hasta el cansancio, de frontera en frontera: Egipto, Arabia, Indostán y asà sucesivamente, entonces todos querrán su parte de impuestos, y, como os daréis cuenta fácilmente, no podemos ir por ese camino.
—Pero, Tom —dije yo—, podemos ir volando y pasar por alto todas esas fronteras, ¿verdad? ¿Cómo podrÃan detenernos?
Entonces me miró apesadumbrado y me dijo, muy serio:
—Huck Finn, ¿crees acaso que éso serÃa honesto?
Detesto esa clase de interrupciones. No dije una sola palabra, y entonces él prosiguió: