Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero —Bueno, también tenemos cerrado ese otro camino. Si regresamos del mismo modo que hemos venido, hay también una aduana en Nueva York, que es mucho peor que todas las demás juntas, si tenemos en cuenta el tipo de cargamento que traemos.
—¿Por qué?
—Bueno, pues porque no pueden producir la arena del Sahara en América, por supuesto, y cuando no pueden producir una cosa allÃ, el impuesto es de ciento cuarenta mil por ciento si intentas traerla desde donde la producen.
—Eso no tiene sentido, Tom.
—¿Quién dijo que lo tuviera? ¿Para qué me hablas de ese modo, Huck Finn? Espera a que yo te diga una cosa que tenga sentido, antes de que me acuses de haberla dicho.
—Muy bien, considera que me he puesto a llorar por esa acusación y que lo siento. Continúa.
Jim dijo:
—Amo Tom, ¿ej que elloj atiborran de impuestos todo lo que no pueden produsà en América, sin hasé ninguna distinsió entre laj cosa?
—SÃ, eso es lo que hacen.
—Amo Tom, ¿no é la bendisión del Señó lo que má való tiene en este mundo?
—SÃ, asà es.