Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Luego nos llevamos una gran desilusión, pues se levantó una de esas nieblas matutinas, y no servía de nada volar por encima de ella, ya que podríamos alejarnos de Egipto, por lo que acordamos que lo mejor sería permanecer justo por encima del lugar en donde las Pirámides se veían como manchas borrosas, y luego dejarnos caer suavemente, permaneciendo muy cerca del suelo para no perderlas de vista. Tom se hizo con el timón, yo permanecí cerca para echar el ancla, y Jim se montó a caballo de la proa para escudriñar a través de la niebla y vigilar por si había algún peligro más adelante. Fuimos a un ritmo constante, no demasiado rápido, y la niebla se iba haciendo cada vez más espesa, tan sólida que Jim se veía borroso, desdibujado y humeante a través de ella. Todo estaba espantosamente inmóvil, nosotros estábamos ansiosos y hablábamos bajito. Al poco rato, Jim dijo:
—¡Súbelo un poco, amo Tom, súbelo un poco!