Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Y Tom lo elevó unos pocos metros, y nos deslizamos sobre una cabaña de barro con el techo muy plano, en la que había gente que había estado durmiendo, y que ahora comenzaba a despertarse, a estirarse y a bostezar; incluso había uno que se había puesto de pie para estirarse y bostezar mejor, y nosotros pasamos volando, le silbamos por la espalda y le arrojamos al suelo. Al cabo de un rato, cerca de una hora, cuando todo estaba completamente tranquilo y nosotros aguzábamos los oídos rastreando cualquier sonido, conteniendo nuestra respiración, la niebla se disipó un poquito, y de repente Jim gritó con un susto espantoso:
—¡Oh, por el amó de Dió, retrosede, amo Tom, allí está el gigante de laj Mil y una noche y viene a po nosotro!
Y, diciendo esto, pegó un salto hacia atrás en el globo.
Tom pegó un frenazo, y disminuimos la velocidad hasta quedarnos quietos. Entonces, el rostro de un hombre, grande como nuestra casa en América, se asomó por la borda como alguien que mira a través de la ventana de su casa, y yo me tumbé y me morí. Debí estar completamente muerto durante un minuto, o tal vez más; luego me repuse y vi que Tom había incrustado el ancla del globo en el labio superior del gigante y mantenía quieta la nave, mientras inclinaba la cabeza y contemplaba largamente aquella espantosa cara.