Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Descendimos a Jim sobre la cabeza de la Esfinge, con una bandera americana a modo de protección, ya que se trataba de un país extranjero, y nosotros nos fuimos a volar por aquí y por allá, para obtener mejores perspectivas, efectos y proporciones, según decía Tom. Jim hacía lo propio, interviniendo de la mejor manera posible para que Tom pudiese estudiarlo, valiéndose para ello de las más diversas posiciones y actitudes: la mejor postura era la de colocarse cabeza abajo y mover las piernas como si fuese una rana. Cuanto más nos alejábamos, más pequeño se volvía Jim, y más grande la Esfinge, hasta que por fin podría decirse que nuestro amigo no parecía más que un imperdible de la ropa en lo alto de una cúpula. Ésa era la mejor manera de poner de manifiesto las proporciones correctas, decía Tom; decía también que los negros de Julio César no sabían lo grande que era, porque estaban muy cerca de ella.
Navegamos cada vez más lejos, hasta perder de vista a Jim por completo, y entonces aquella figura se nos mostró en toda su majestuosidad. Se veía tan quieta, solitaria y solemne cuando la contemplábamos sobre el valle del Nilo, que todas las pequeñas y viejas cabañas junto con las demás cosas que se encontraban desparramadas por los alrededores desaparecían completamente, sin dejar nada más que un amplio y suave terciopelo amarillo formado por la arena.