Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Cuando acabó de contar la historia, sobrevino uno de aquellos incómodos silencios, ya sabéis, cuando descubrÃs que una persona ha estado contándoos una tremenda trola y entonces queréis cambiar de tema para suavizarle ese difÃcil trago, pero de repente os atascáis y no veis la salida, y antes de que podáis recobrar la compostura y hacer algo, ese silencio ha penetrado en vosotros y os invade, obrando por sà mismo. Yo estaba avergonzado, Jim estaba avergonzado, y ninguno de nosotros atinaba a decir una sola palabra. Entonces Tom, con el ceño fruncido, me miró durante un minuto y me preguntó:
—Venga, dilo ya. ¿Qué piensas?
Yo le contesté:
—Tom Sawyer, eso no te lo crees ni tú.
—¿Por qué no? ¿Qué es lo que me impedirÃa hacerlo?
—Sólo una cosa: es imposible que haya ocurrido. Eso es todo.
—¿Por qué motivo no puede haber sucedido?
—Dime tú un motivo por el que sà haya sucedido.
—Este globo es una buena razón por la que sà podrÃa haber pasado, me parece a mÃ.
—¿Por qué ha de serlo?
—¿Por qué ha de serlo? Nunca he visto semejante mentecato. ¿Es que no ves que este globo y el Caballo de Bronce son la misma cosa bajo nombres diferentes?