Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Pero el solo hecho de pensarlo hizo que nos quedásemos helados y se nos pusieran los pelos de punta, asà que dijimos que no nos moverÃamos de donde estábamos. De manera que Tom tuvo que deslizarse sólo hasta allá atrás para ver si podÃa hacerse con el timón del globo y aterrizar. Le rogamos y le suplicamos que no lo hiciera, pero fue completamente inútil; asà que se puso a cuatro patas y comenzó a gatear un centÃmetro por vez, mientras nosotros contenÃamos la respiración y observábamos. Después de llegar hasta la mitad del bote, se arrastró más lentamente que nunca, y aquello me dio la impresión de durar años. Por fin le vimos llegar hasta la cabeza del profesor, y levantarse despacio, para mirarle durante un buen rato a la cara y escuchar. Entonces vimos que avanzaba un centÃmetro hacia los pies del profesor, en donde estaban los mandos para dirigir la nave. Bueno, llegó hasta allÃ, sano y salvo, y ya iba a alcanzar los mandos, lenta y silenciosamente, cuando tropezó con algo que hizo ruido, y le vimos tirarse en picado al suelo y permanecer allÃ, muy plano y quieto. El profesor se movió un poco y dijo:
—¿Qué es eso?
Pero todos nos quedamos completamente callados y sin movernos; entonces comenzó a refunfuñar, a hablar entre dientes y a acurrucarse, como cuando una persona se despierta, y yo creÃa que me iba a morir, de tan asustado y preocupado como estaba.