Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Nunca me había sentido mejor en toda mi vida; y sin embargo, no me había dado cuenta de lo que había dicho hasta que lo dije. Estaba por ahí pensando en las musarañas, completamente despreocupado, sin esperar siquiera que algo así fuese a ocurrir; tampoco pensaba en semejante cosa en absoluto, cuando de repente lo dije. ¡Vaya! Fue casi una sorpresa para mí, como lo fue para cualquiera de ellos. Sucedió de la misma manera que cuando una persona que va por ahí, mordisqueando una mazorca de maíz sin pensar en nada, de repente se encuentra con un diamante. Ahora bien, al principio, todo lo que él entiende es que se ha topado con algún tipo de piedrecilla, pero no averigua que se trata de un diamante hasta que limpia la arena, las migajas y cualquier otra cosa y le echa una ojeada, entonces se sorprende y se alegra. Sí, y también se siente orgulloso; aunque, si se mira el asunto directamente a los ojos, no se merece tantos laureles, como los tendría de haber estado buscando diamantes. La diferencia se puede apreciar muy fácilmente, si lo pensáis bien. Veréis, un accidente de esa clase no es realmente una gran cosa, como cuando la gran cosa se logra con intención. Cualquiera puede encontrar un diamante en una mazorca; pero cuidado, tiene que ser alguien que posea esa clase de mazorca. Aquí es donde interviene el mérito de una persona. Yo no pretendo grandes cosas, y no creo poder hacer ésta de nuevo, pero sí la hice aquella vez, eso es todo lo que reclamo. No había tenido la menor idea de hacer tal cosa, ni siquiera había pensado o intentado hacerlo más que vosotros en este instante. ¡Vaya! Y estaba muy tranquilo también, más tranquilo no se podría haber estado, y así, de repente, lo dije. A menudo pienso en ese momento, puedo recordar el aspecto que tenía todo, como si hubiese ocurrido la semana pasada. Puedo verlo: los hermosos paisajes ondulados del campo, con bosques, prados y lagos, extendiéndose a lo largo de cientos y cientos de kilómetros a nuestro alrededor. Los pueblos y ciudades esparcidos por todas partes allá abajo, ora por aquí, ora por allá, y más allá el profesor se hallaba reflexionando sobre un mapa apoyado en su pequeña mesa, la gorra de Tom golpeteaba los aparejos en donde estaba colgada para secarse, y había una cosa en particular: un pájaro, justo a nuestro lado, a menos de treinta centímetros, siguiendo nuestra ruta e intentando mantenerla, pero perdiéndola todo el tiempo; y también un tren que hacía lo mismo allá abajo, deslizándose por entre granjas y árboles, resoplando una larga nube de humo negro, y de vez en cuando una pequeña bocanada de blanco; y, cuando el blanco se perdía y hacía mucho rato que te habías olvidado de él, se oía un débil pitido procedente de un silbato; y dejábamos atrás a ambos, al pájaro y al tren, allá muy lejos, y muy fácilmente también.