Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Asà que adelantó su nabo. Luego vio otro reloj, y le echó un vistazo, y también adelantaba una hora. Aquéllo le dejó perplejo.
—Esto es algo curiosÃsimo —dijo—; no lo comprendo.
Cogió nuevamente los prismáticos, y buscó otro reloj, que también marcaba una hora de adelanto. Entonces sus ojos se abrieron como platos, y la respiración comenzó a ser entrecortada, y exclamó:
—¡Demonios! ¡Es la longitud!
Entonces, muy asustado, dije:
—Bueno, ¿qué es lo que ha pasado, y qué está pasando ahora?
—Pues lo que pasa es que este viejo globo nos ha llevado volando sobre Illinois, Indiana y Ohio, como si nada, y que estamos en el extremo Este de Pennsylvania o de New York, o de algún sitio por los alrededores.
—¡Tom Sawyer, no hablas en serio!
—SÃ, sà lo hago, absolutamente en serio. Llevamos recorridos unos quince grados de longitud desde que dejamos atrás St. Louis ayer por la mañana, y aquellos relojes están bien. Hemos volado unos ciento veintiocho kilómetros.
No podÃa creerlo, pero de cualquier manera sentà unos escalofrÃos corriendo por mi espalda. Según mi experiencia, sabÃa que bajar esa misma distancia por el Misisipi en balsa no nos llevarÃa menos de dos semanas.