Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero —Muy bien —dijo él, dando la orden—: ¡Todo abajo!
Conforme fuimos bajando y adentrándonos en un clima más caluroso, pudimos ver que eran camellos, sin lugar a dudas. Caminaban pesadamente, una fila interminable de ellos, con fardos sujetos por correas, y cientos de hombres, vestidos con túnicas largas y blancas, y una cosa que parecÃa un chal envolviéndoles la cabeza. También llevaban colgantes con flecos y borlas; algunos de ellos tenÃan escopetas y otros no, algunos iban montados y otros caminando. Y el clima…, bueno, era para achicharrarse. ¡Y qué despacio se arrastraban! De repente bajamos, y nos mantuvimos a poca distancia de ellos.
Cuando nos vieron, todos los hombres comenzaron a chillar, algunos se tumbaron sobre sus estómagos, otros comenzaron a dispararnos y el resto salió de estampÃa en todas direcciones, lo mismo que los camellos.
De repente bajamos, y nos mantuvimos a poca distancia de ellos.