Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Algunas personas y animales estaban parcialmente cubiertos por la arena, pero la gran mayoría no, pues allí era poco profunda, y debajo había una capa de grava dura. La mayor parte de las ropas estaban hechas trizas y se habían volado, dejando los cuerpos parcialmente desnudos; y cuando yo tocaba un harapo, se rompía sólo con el roce más leve, como si se tratase de una tela de araña. A Tom le parecía que aquella gente había estado tumbada allí durante años.
Algunos hombres tenían pistolas oxidadas a los lados, otros tenían espadas y también chales enrollados en la cintura y largas escopetas con adornos de plata sujetos en ellos. Todos los camellos conservaban aún sus cargas, pero los bultos habían estallado y podrido, y sus contenidos estaban derramados por el suelo. No nos parecía que las espadas fueran ya de ninguna utilidad para los muertos, así que cogimos una para cada uno, y también algunas pistolas. También nos llevamos una pequeña caja, porque era muy bonita y tenía hermosas incrustaciones; entonces quisimos enterrarlos, pero no había modo de hacerlo y tampoco se nos ocurría con qué realizarlo como no fuese con arena, la cual, por supuesto, no tardaría en volarse. En un primer momento, empezamos a cubrir primero a la pobre muchachita con unos chales que había en un fardo roto; pero, cuando estábamos a punto de hacerlo, el mechón negro del hombre se agitó de nuevo y nos dio un susto de muerte.