Tom Sawyer en el extranjero

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Entonces abrimos la cajita, y vimos que contenía gemas y joyas, y algunos pequeños velos como los que tenían las mujeres muertas. Los bordes estaban adornados con curiosas monedas de oro que no conocíamos. Nos preguntábamos si sería mejor volver a buscarlos y devolverles el tesoro, pero Tom se lo pensó bien y dijo que no, que aquél era un país lleno de ladrones, que podrían venir a robarlo, y que sería un pecado volver a poner la tentación en su camino. Así que seguimos nuestro viaje; pero yo pensaba que ojalá hubiéramos vuelto a llevarnos todo lo que tenían, y así no les dejábamos ninguna tentación en absoluto.

Habíamos estado durante dos horas con un calor abrasador allá abajo, y cuando subimos a bordo estábamos terriblemente sedientos. Nos fuimos derecho a tomar agua, pero la encontramos sucia y amarga, y además estaba tan caliente, que podía escaldarse uno la lengua. No podíamos beberla. Era agua del río Misisipi, la mejor del mundo; entonces la agitamos con un poco de lodo, para ver si eso ayudaba, pero no, el lodo no estaba nada mejor que el agua.

Bueno, no habíamos estado tan, pero tan sedientos antes, cuando estábamos interesándonos por la gente perdida, pero ahora sí, y en cuanto comprendimos que no podíamos beber, nos sentimos treinta y cinco veces más sedientos que en el minuto anterior. Al poco tiempo, teníamos la boca abierta y jadeábamos como perros.


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