Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Sin embargo, al poco tiempo, Tom pegó un grito, y ¡allí estaba! Un lago, amplio y enorme, con palmeras recostándose adormiladas sobre él: sus sombras sobre el agua eran tan suaves y delicadas, como nunca habréis visto otras. Yo tampoco había contemplado nada igual. Teníamos que recorrer un largo camino para llegar hasta allí, pero eso no nos importaba; pusimos el globo a una velocidad de ciento sesenta kilómetros por hora, y calculamos estar allí al cabo de siete minutos; pero el oasis permanecía todo el tiempo a la misma distancia, no veíamos que pudiéramos alcanzarlo; así era, lejano y brillante como un sueño y sin que pudiésemos acercarnos, hasta que, por fin, de repente ¡desapareció!
Los ojos de Tom se abrieron como platos, y exclamó:
—Muchachos, ¡era un espejismo!
Lo dijo como si estuviera contento. Yo no veía motivo alguno para alegrarse, y le dije:
—Tal vez. No me importa cómo se llama, lo que quiero saber es ¿qué ha sido de él?
Jim estaba temblando, tan asustado que no podía hablar, pero hubiese querido formular él mismo esa pregunta de haber podido. Tom dijo:
—¿Qué ha sido de él? Pues ya podéis comprobarlo por vosotros mismos: se ha ido.
—Sí, eso ya lo sé. ¿Pero adónde se ha ido?