Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero —¡Que eso lo prueba! ¿Cómo puede probarlo?
—Igual que en la corte de todo el mundo, amo Tom. Una persona pué estar borracha o dormida o cualquier cosa, y hasta pué estar equivocada, pué que eso le pase incluso a do persona, tal ves; pero yo te digo, sabe, que cuando tré persona ven lo mismo, borracha o sobria, ej eso. No hay ninguna duda, y tú lo sabej, amo Tom.
—No sé yo nada parecido. Hay cuarenta mil millones de personas que ven al sol moverse de un sitio para otro en el cielo todos los dÃas. ¿Acaso prueba eso que el sol lo haga?
—Claro que sÃ. Y aparte deso, no hay ocasión de comprobarlo. Cualquier tipo que teng’algo de sentido común no va a poner en duda algo asÃ. Allà está ahora… navegando por el sielo, como siempre lo ha hecho.
Tom se dio la vuelta, y dirigiéndose hacia mÃ, dijo:
—¿Tú qué opinas? ¿El sol se está quieto?
—Tom Sawyer, ¿qué sentido tiene hacer semejante pregunta de borrico? Cualquiera que no sea ciego puede ver que el sol no está quieto.
—Bueno —dijo—, me encuentro perdido en el cielo, sin más compañÃa que un par de animales muy marranos, que no saben más que lo que sabrÃa un rector de la universidad hace trescientos o cuatrocientos años. ¡Vaya, qué desastre, Huck Finn! En aquellos dÃas hubo Papas que sabÃan tanto como tú ahora.