Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Yo le contesté:
—Arrojar lodo no es discutir, Tom Sawyer.
—¿Quién está arrojando lodo?
—Tú lo has hecho.
—Nunca. No es ninguna vergüenza, creo yo, comparar a dos zoquetes como vosotros de los campos de Missouri con un Papa, aunque fuera el más cascarrabias que se haya sentado alguna vez en el trono, asà que es un honor para ti, para ti que eres un renacuajo. El Papa, ése sà que se las trae, no tú, y no podrÃas acusarle por decir palabrotas, ya que no las dicen. Ahora no, quiero decir.
—¿Seguro, Tom, que lo han hecho alguna vez?
—¿En la Edad Media? Era lo normal.
—¡No! No querrás decir realmente que decÃan tacos.
Esto hizo que sus pensamientos le dieran vueltas en la cabeza y que soltara un discurso, tal como solÃa hacerlo algunas veces, cuando se sentÃa en la cumbre, y le pedà que me escribiera la segunda mitad de lo que dijo, porque aquél parecÃa el discurso de un libro, difÃcil de recordar, y utilizaba palabras a las que yo no estaba acostumbrado, y que ya eran hasta bastante difÃciles de deletrear: