Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo En el momento en que cerraba el libro llamaron a la puerta y entró el forastero. Le ofrecí una pipa y un asiento y le invité a que se pusiera cómodo. También le ofrecí un reconfortable whisky escocés caliente; luego otro, y otro más -esperando cada vez que se animara a contar su historia-. Después de un cuarto intento de persuasión comenzó la historia, de una manera bastante sencilla y natural.