Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo Si los muchachos no me hubiesen ayudado no habrÃa podido meterme en mi envoltorio. Justo cuando terminábamos apareció sir Bedivere, y entonces me di cuenta de que probablemente yo no habÃa elegido la vestimenta más apropiada para un viaje largo. ¡Qué imponente se veÃa, alto, ancho, magnÃfico! Llevaba sobre la cabeza un casco cónico de acero que sólo le llegaba hasta las orejas, y como visera, una delgada barra de acero que bajaba hasta su labio inferior y le protegÃa la nariz, el resto de la vestidura, desde el cuello hasta los talones, era de malla flexible, incluso los pantalones. Además estaba cubierto casi por completo por una sobreveste, por supuesto, de cota de malla, que le colgaba muy recta desde el cuello hasta los tobillos, pero que de la cintura hacia abajo estaba dividida por delante y por detrás, de modo que al cabalgar los faldones colgaban cómodamente de los costados. PartÃa en busca del Grial, y su atuendo era el más apropiado para tan larga expedición. Yo hubiera dado mucho por ese gabán, pero ya era demasiado tarde para cambiar las cosas. El sol acababa de salir y el rey y la corte me esperaban para despedirme y desearme suerte. El demorarme más hubiese sido una falta de cortesÃa.