Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo Se trataba de una pequeña idea mía, y respondía a numerosos y saludables propósitos destinados a civilizar y edificar la nación. En primer lugar, y aunque nadie podría sospecharlo, era un golpe furtivo y disimulado contra el disparate de la caballería andante. Había comenzado por emplear a unos cuantos de estos caballeros, los más valientes que encontré, enviándolos por el país emparedados entre tableros de anuncios con distintas inscripciones, convencido de que poco a poco, a medida que fuesen más numerosos, empezarían a parecer ridículos, y en ese momento todos los idiotas vestidos de acero que no exhibiesen ningún letrero también se sentirían ridículos por no ir a la moda.