Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo Me explicó en seguida que era un ayudante de cocina y no podía detenerse a charlar, aunque quisiera hacerlo en otra ocasión, porque le encantaría saber dónde había conseguido la ropa que llevaba. Al alejarse señaló a alguien que estaba lo suficientemente desocupado para satisfacer mi propósito y que además me estaría buscando, sin duda. Se trataba de un joven delgado y airoso, vestido con unos pantalones de color salmón, muy apretados, que le daban el aspecto de una zanahoria de dos piernas; el resto de su atuendo era de seda azul con lazos y volantes; tenía unos largos rizos rubios y usaba un sombrerito de satén rosa, coronado por una pluma e inclinado presuntuosamente sobre una oreja. Su apariencia indicaba que era afable; su porte, que estaba satisfecho de sí mismo. Resultaba tan atractivo que merecería ser enmarcado. Llegó a mi lado, me miró con una curiosidad traviesa y descarada, dijo que había venido a buscarme y me informó que era un paje.
-¡Largo de aquí si no eres más que un pijo! -le dije.