Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo Era un comentario bastante severo, pero yo estaba irritado. Sin embargo, no se molestó, ni siquiera pareció darse cuenta de que le había insultado. Mientras caminábamos comenzó a hablar y a reír de una manera alegre, despreocupada, juvenil, trabando amistad conmigo desde un principio y haciendo todo tipo de preguntas acerca de mí mismo y de mi atuendo, pero sin esperar jamás una respuesta; continuaba hablando sin parar, como si no se diera cuenta de que acababa de hacer una pregunta y debía recibir una respuesta, hasta que se le ocurrió comentar que había nacido a principios del 513.
Sentí un estremecimiento que me recorrió todo el cuerpo. Me detuve y dije, con voz muy débil:
-Quizá no he oído bien: dilo de nuevo, y dilo lentamente. ¿En qué año?
-En el 513.
-¡En el 513! ¡No lo aparentas! Vamos, muchacho, soy forastero y no tengo amigos aquí; deberías ser sincero y honrado conmigo. ¿Estás en tu sano juicio?
Me respondió afirmativamente.
-¿Y todas estas personas, están en su sano juicio? También contestó afirmativamente.
-¿Y esto no es un manicomio? Quiero decir, ¿no se trata de un sitio donde curan a las personas que están locas?
Contestó que no.