Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo -No, no es tu cabeza, Sandy. Tu cabeza está bien, dentro de lo que cabe, pero no estás al tanto del mundo de los negocios, ése es el problema. No estás a la altura para enzarzarte en discusiones sobre asuntos de negocios, y no deberÃas intentarlo. De cualquier modo, y dejando de lado este punto, ha sido un buen botÃn y hará reverdecer mis laureles en la corte de Arturo. Y ya que hablamos de los cow-boys, ¡qué paÃs más extraño es éste, con hombres y mujeres que nunca envejecen! Tomemos por ejemplo al hada Morgana, tan joven y rozagante como un pimpollo, aparentemente, yluego hay que ver a este anciano duque de las Marcas del Sur, todavÃa dando ta
jos con lanza y espada a estas alturas de su vida, después de haber criado una familia como la que ha creado. Hasta donde yo entiendo, sir Gawain mató a siete de sus hijos y, sin embargo, le quedaban otros seis para enfrentarse con sir Marhaus y conmigo. Y además hay que recordar aquella doncella de sesenta inviernos de edad que en su glacial lozanÃa sigue haciendo excursiones. ¿Cuántos años tienes, Sandy?
Fue la primera vez que mis palabras no recibieron respuesta de labios de Sandy. Su molino de palabras debÃa de estar cerrado por reformas o algo parecido.