Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo Así lo hizo, y pidió que mandasen llamar a Clarence. Me alegré de escuchar de nuevo la voz de mi muchacho. Me parecía estar de nuevo en casa. Después de los saludos afectuosos y de algunas noticias sobre mi reciente enfermedad le dije:
-¿Qué hay de nuevo?
-El rey, la reina y muchos de los cortesanos salen de viaje en este mismo momento y se encaminan al valle de la Santidad para rendir piadoso homenaje a las aguas que habéis restaurado y limpiarse de todo pecado, y además a ver el sitio donde el espíritu diabólico escupió hacia las nubes auténticas llamas del infierno..., y si aguzarais el oído me escucharíais guiñar el ojo y distender la boca en una sonrisa, pues fui yo quien eligió las llamas de entre las existencias de nuestro depósito y quien las envió siguiendo vuestras órdenes.
-¿El rey sabe cómo llegar aquí?
-¿El rey?... No; no sabría cómo llegar allí, ni creo que a ningún otro sitio del reino; pero los chicos que os ayudaron a hacer el milagro serán sus guías y le indicarán el camino, y designarán los sitios para descansar al mediodía y dormir por las noches.
-¿Entonces, cuándo estarán aquí?
-A mitad de la tarde del tercer día, o poco más.
-¿Alguna otra novedad?