Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo -Vamos -le dije-, ¿qué esperas? ¿Cómo es posible que puedas responder sin vacilar lo que está haciendo una persona en el otro extremo de la tierra y, sin embargo, no puedas decir lo que hace alguien que se encuentra a menos de tres metros de distancia? Las personas que están detrás de mà están viendo lo que hago con mi mano derecha y podrán confirmar si tu respuesta es correcta.
SeguÃa sin habla, y entonces expliqué:
-Muy bien; te diré por qué no te atreves a responder. Porque no lo sabes. ¡Y dices que eres un mago! Amigos, este vagabundo no es más que un impostor, un mentiroso.
Estas palabras desconcertaron y aterrorizaron a los monjes. No estaban acostumbrados a ver que uno de esos seres pavorosos fuese insultado y desconocÃan las consecuencias que aquel acto podrÃa acarrearles. Se hizo un silencio de muerte, mientras por las mentes de todos cruzaban los presagios más ominosos. El mago comenzaba a recobrarse y, cuando consiguió sonreÃr con una sonrisa afable, despreocupada, los circunstantes mostraron un inmenso alivio. Evidentemente no se encontraba de un humor negro ydestructivo. Dijo: