Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo -¡Pardiez! Otra vez habremos de oÃr lo mismo -suspiró el muchacho-: la misma vieja y aburrida historia que mil veces ha referido con las mismas palabras y que seguirá refiriendo hasta el dÃa de su muerte cada vez que se haya bebido un tonel, poniendo asà a funcionar su molino de exageraciones. ¡Ojalá hubiese muerto antes de ver este dÃa!
-¿Quién es?
-MerlÃn, el gran mago y embustero, que en mal fuego arda por el aburrimiento al que nos tiene condenados con su historia de siempre. Si no fuese por el temor que inspira en los hombres, dado que controla a su antojo y capricho las tormentas y los rayos y todos los diablos que pueblan el infierno, hace muchos años le hubiesen arrancado las entrañas para encontrar esa historia y aplastarla. Siempre la refiere en tercera persona, dando a entender que es demasiado modesto para glorificarse a sà mismo. ¡Que caigan sobre él todas las maldiciones y el infortunio sea su pago! Gentil amigo, os ruego que me llaméis a la hora del crepúsculo.