Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo -Venid, majestad, en un instante van a encender una luz y entonces escucharíais cosas que os desgarrarían el corazón. Esta vez no vaciló. En cuanto estuvimos en el camino eché a correr y, dejando a un lado su dignidad, el rey hizo lo mismo después de un momento. Yo no quería pensar en lo que estaría ocurriendo en la choza, no podría soportarlo, necesitaba apartarlo de mi mente y por ello comencé a hablar de lo primero que me vino a la cabeza.
-Yo he padecido ya la enfermedad de la cual ha muerto aquella gente, así que no tengo nada que temer, pero si vos no la habéis tenido...
Me interrumpió para decirme que estaba preocupado y que era su conciencia la que le acuciaba:
-Esos jóvenes han dicho que están en libertad... ¿Pero, cómo? No es probable que su señor los haya liberado.
-Ah, no, no me cabe la menor duda de que se han escapado.
-Eso es lo que me preocupa; me temo que haya sido así, y ahora me lo confirma el hecho de que también vos lo temáis.
-Yo no utilizaría ese término, sin embargo. Sospecho que se han escapado, pero si ha sido así no lo lamento en absoluto.
-Tampoco yo lo lamento, creo, pero...