Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo Otra vez cierto. Las pisadas se acercaban a nosotros... Sí, se dirigían directamente a la cabaña. En ese caso tenía que tratarse de un animal, así que hubiésemos podido ahorrarnos el susto. Estaba a punto de apartarme, pero el rey me detuvo tomándome por el brazo. Hubo un momento de silencio y luego escuchamos un golpe suave en la puerta de la choza. Me estremecí. Se repitió la llamada y en seguida escuchamos estas palabras pronunciadas con voz cautelosa:
-¡Madre! ¡Padre! Abrid... Estamos libres y traemos noticias que harán palidecer vuestros rostros, pero que alegrarán vuestros corazones. ¡No hay tiempo que perder, tenemos que huir! Y.. Pero ¿por qué no contestáis? ¡Madre! ¡Padre!
Conduje al rey al otro extremo de la choza y susurré:
-Venid, ahora podemos volver al camino.
El rey vaciló, se disponía a objetar algo, pero en ese momento escuchamos que la puerta cedía y supimos que aquellos desdichados se encontrarían en presencia de sus muertos.