Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo Era un gesto amable de su parte, pero innecesario. Uno de los adornos más corrientes del país era la cara de piña. Ya me había dado cuenta de que la mujer y su marido hacían gala de dicha decoración. A ella no le asustó en absoluto y nos acogió calurosamente. Más aún: la propuesta del reyla había impresionado muchísimo, por supuesto, era un gran acontecimiento en su vida encontrar a alguien de apariencia tan humilde como la del rey que estuviese dispuesto a comprar la casa de un hombre con el solo propósito de permanecer en ella una noche. Esto le inspiraba un gran respeto y hacía que extendiese al máximo las magras posibilidades de su casucha para que estuviésemos cómodos.