Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo Dormimos hasta bien entrada la tarde y nos levantamos con apetito suficiente como para que el rey encontrase bastante aceptable el menú de un vasallo, aunque fuese escaso en cantidad. Y también en variedad, pues consistía exclusivamente en cebollas, sal y el tradicional pan negro del país, elaborado con el forraje de los caballos. La mujer nos relató lo sucedido durante la víspera. Hacia las diez u once de la noche, cuando todos dormían, había ardido la casa señorial. El condado entero acudió al rescate y consiguió salvar a toda la familia con una sola excepción: el amo. A éste no lo habían podido encontrar. La gente estaba convulsionada por la pérdida, y dos valerosos labradores sacrificaron sus vidas recorriendo la mansión en llamas en busca de tan valioso personaje. Después de un rato se le encontró, o sea, lo que de él quedaba, que era su cadáver. Yacía entre unos arbustos a trescientos metros de distancia, atado, amordazado y acribillado por una docena de puñaladas.