Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo Dowley se encontraba de un humor excelente, en seguida conseguí que se sintiese locuaz y hábilmente fui encaminándole al relato de una historia de la que él era protagonista, su propia historia. Daba gusto quedarse allí sentado escuchando el incesante zumbido de sus palabras. Era uno de esos hombres que han llegado a su posición por su propio esfuerzo. Saben cómo hablar. Son dignos de mayor alabanza que cualquier otra clase de hombres, cosa que además son los primeros en descubrir. Nos contó que de niño se había quedado huérfano, sin dinero y sin un amigo que pudiese echarle una mano. Había vivido como el esclavo del amo más miserable; su jornada de trabajo era de dieciséis a dieciocho horas diarias, y sólo le reportaba el pan de centeno suficiente