Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo Resultó ser uno de esos días, tan poco frecuentes en otoño que parece más bien un templado día del mes de junio y es una gloria estar al aire libre. Los invitados llegaron hacia el mediodía, nos reunimos bajo un inmenso árbol y pronto se creó un clima tan amistoso como si fuéramos viejos amigos. Incluso el rey parecía tener menos reservas, aunque al principio le costó algún trabajo acostumbrarse al nombre de Jones. Le había pedido que procurara no olvidar que era granjero, pero también creí prudente recomendarle que no tocase mucho el tema. Era de ese tipo de personas que, de no ser advertido, tiende a meter la pata en esta clase de detalles, con la ayuda de su lengua siempre pronta, su disposición de espíritu y su información poco fiable.