Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo -Sí, el corazón del rey; un corazón que es incapaz de pensar mal de un amigo.
-Pues bien, el rey habría podido continuar así, contento y ajeno a las sospechas, hasta el fin de sus días, si no hubiese sido por una de vuestras innovaciones modernas: la Bolsa de Valores. Cuando os marchasteis, cinco kilómetros de la línea Londres-Canterbury-Dover estaban listas para la colocación de los railes, y también listas para ser pasto de manipulaciones en el mercado de valores. Se trataba de algo demasiado arriesgado y todo el mundo lo sabía. Las acciones correspondientes serían puestas a la venta a un precio bajísimo. Y entonces, ¿qué hace sir Lanzarote, sino...?
-Sí, lo sé. Sin que nadie se diera cuenta compró casi todas las acciones por cuatro perras. Luego hizo un pedido que doblaba al otro, de acciones que deberían serle entregadas en un plazo determinado, y cuando me marché se disponía a reclamarlas.