Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo Pues bien, yo apreciaba al rey y lo respetaba como rey, o sea, que respetaba el puesto, al menos hasta donde yo era capaz de respetar cualquier supremacía que no hubiese sido ganada, pero como ser humano lo despreciaba, igual que despreciaba a sus nobles, de manera muy discreta. Y tanto él como ellos me apreciaban, y respetaban mi cargo; pero me despreciaban en mi condición de animal sin pedigrí y sin títulos altisonantes, y no eran particularmente discretos al respecto. No me pedían cuentas por la opinión que me merecían, yyo no les pedía cuentas a ellos, así que estábamos en paz: el saldo cuadraba y todos tan contentos.