Abel Sánchez
Abel Sánchez —SÃ, hijo mÃo, sÃ. Si uno se arrepiente, pero vuelve a pecar y vuelve a arrepentirse y sabe cuando peca que se arrepentirá y sabe cuando se arrepiente que volverá a pecar, y acaba por pecar y arrepentirse a la vez; ¿no es asÃ?
—El hombre es un misterio —dijo León Gómez.
—¡Hombre, no digas sandeces! —le replicó Federico.
—¿Sandez, por qué?
—Toda sentencia filosófica, asÃ, todo axioma, toda proposición general y solemne, enunciada aforÃsticamente, es una sandez.
—¿Y la filosofÃa, entonces?
—No hay más filosofÃa que ésta, la que hacemos aquÃ…
—SÃ, desollar al prójimo.
—Exacto. Nunca está mejor que desollado.
Al levantarse la tertulia, Federico se acercó a JoaquÃn a preguntarle si se iba a su casa, pues gustarÃa de acompañarle un rato, y al decirle éste que no, que iba a hacer una visita allÃ, al lado, aquél le dijo:
—SÃ, te comprendo; eso de la visita es un achaque. Lo que tú quieres es verte solo. Lo comprendo.
—¿Y por qué lo comprendes?
—Nunca se está mejor que solo. Pero cuando te pese la soledad, acude a mÃ. Nadie te distraerá mejor de tus penas.