Abel Sánchez
Abel Sánchez —Porque acostumbrado uno a mirar a los demás por dentro, da en ponerse a mirarse a sà mismo, a auscultarse.
—Ve ahà una ventaja. Yo con mirarme al espejo tengo bastante…
—¿Y te has mirado de veras alguna vez?
—¡Naturalmente! ¿Pues no sabes que me he hecho un autorretrato?
—Que será una obra maestra…
—Hombre, no está del todo mal… ¿Y tú, te has registrado por dentro bien?
Al dÃa siguiente de esta conversación JoaquÃn salió del Casino con Federico para preguntarle si conocÃa a aquel pobre hombre que andaba asà pidiendo de manera vergonzante: «Y dime la verdad, eh, que estamos solos; nada de tus ferocidades».
—Pues mira, ése es un pobre diablo que debÃa estar en la cárcel, donde por lo menos comerÃa mejor que come y vivirÃa más tranquilo.
—¿Pues qué ha hecho?
—No, no ha hecho nada; debió hacer, y por eso digo que deberÃa estar en la cárcel.
—¿Y qué es lo que debió haber hecho?
—Matar a su hermano.
—¡Ya empiezas!