Abel Sánchez
Abel Sánchez —Mira, déjate de garambainas. Y por lo que no paso es por la mentira ésa de pedirme prestado y lo de «se lo devolveré en cuanto pueda…». Que pida limosna y al avÃo. Es más claro y más noble. La última vez me pidió tres duros adelantados y le di tres pesetas, pero diciéndole: «¡Y sin devolución!». ¡Es un haragán!
—¡Y qué culpa tiene él!…
—Vamos, sÃ, ya salió aquello, qué culpa tiene…
—¡Pues claro! ¿De quién son las culpas?
—Bueno, mira, dejémonos de esas cosas. Y si quieres socorrerle, socórrele, que yo no me opongo. Y yo mismo estoy seguro de que si me vuelve a pedir, le daré.
—Eso ya lo sabÃa yo, porque en el fondo, tú…
—No nos metamos al fondo. Soy pintor y no pinto los fondos de las personas. Es más, estoy convencido de que todo hombre lleva fuera todo lo que tiene dentro.
—Vamos, sÃ, que para ti un hombre no es más que un modelo…
—¿Te parece poco? Y para ti un enfermo. Porque tú eres el que les andas mirando y auscultando a los hombres por dentro…
—Mediano oficio…
—¿Por qué?