Abel Sánchez
Abel Sánchez —Mira, si quieres, hagamos una cosa. Yo te doy mis notas todas, te las amplÃo de palabra, te digo cuanto me preguntes y publica tú el libro. ¿Te parece?
—De perlas, maestro. Yo vengo apuntando desde que le ayudo todo lo que le oigo y todo lo que a su lado aprendo.
—¡Muy bien, hijo, muy bien! —y le abrazó conmovido.
Y luego se decÃa JoaquÃn: «¡Éste, este será mi obra! MÃo y no de su padre. Acabará venerándome y comprendiendo que yo valgo mucho más que su padre y que hay en mi práctica de la Medicina mucha más arte que en la pintura de su padre. Y al cabo se lo quitaré, si, ¡se lo quitaré! Él me quitó a Helena, yo les quitaré el hijo. Que será mÃo, y ¿quién sabe?…, acaso concluya renegando de su padre cuando le conozca y sepa lo que me hizo».